padre ausente

 

Una mujer promedio se dedica a las labores del hogar, su trabajo remunerado (si es que posee uno) y si eso no fuera suficiente también se encarga casi por completo de la crianza de los hijos. Un gran mal de la sociedad  es la figura del “Padre Ausente”, ya sea por que el padre se fue del hogar o bien porque está presente en el hogar pero distante emocionalmente. Bajo el mito del “Instinto Materno” los  masculinos se desentienden por completo de las labores de la paternidad. El mito justifica que las mujeres estén más adaptadas para cuidar de los infantes y que emotivamente se sientan atraídas al cuidado de estos. Por su parte los hombres se limitan, en el mejor de los casos, a brindar de la protección y el sustento. En teoría los masculinos  no tenemos las capacidades innatas para tal labor y si además se le suma la distancia emocional en a la que estamos culturalmente inmersos la combinación termina en catástrofe.

Si desmontamos dicho mito, no existe entonces pretexto para que tanto padres como madres intervengan activamente en la crianza de los menores. Es momento que como masculinos hagamos la parte que nos corresponde.

 

 

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